Fue una gratísima experiencia almorzar en este restaurante, cuyo diseño conserva la dinámica de su antecesor. Nos atendió un muy gentil mesero llamado Jorge, y atendió hasta nuestra petición de subir la temperatura del ambiente, porque estaba muy frío, hasta bajar el volumen de la música. Nos reunimos tres amigas y pedimos varios platos para compartir, con un pan delicioso, Aperol Spritz y Cava para tomar. Empezamos con el dip de Straciatella, que es un dip de queso, delicioso, seguimos con los torreznos, que son los mejores que he comido (rociados con limón), las almejas que están de película y el pulpo a la feira. Una de las comensales pidió un meloso de orzo con hongos, para compartir y la otra una sopa de lentejas. De postre, nos decantamos por la copa de coco y frutos rojos, que estuvo delicioso. Al final se acercó a la mesa el chef/dueño y le comentamos lo satisfechas que estábamos tanto de la comida de la anteción que nos dispensaron. Muy recomendable y tiene salones privados para grupos.