En el Casco, encontrarás este restaurante con ubicado en la mejor esquina. Es muy acogedor, una decoración que no necesita mucho por su hermosa estructura antigua. Muy buen servicio, y ambiente muy agradable. De entrada pedimos unos raviolis fritos, que estaban muy ricos. Una sangria blanca, para brindar por la vida; muy buena. De plato fuerte unos canelones rellenos que estaban, deli, deli. Y unos ñoquis con hogos, buenisimos. Y de postre, el pie de maracuya que como cierre de la velada estuvo divino. No dejes de ir, y si tienes la suerte que este disponible la mesa con vista a la calle, es una experiencia en 4K.