Me encantó. Además de los platos emblemáticos de la gastronomía hindú, tienen recetas de otras regiones y opciones diferentes a otros restaurates hindúes de la ciudad. Probé varias entradas, el chicken korma, un pescado que no puedo recordar el nombre, pero fue lo mejor, en salsa picante de tamarindo y varios tipos de panes, entre los que sobresalió un naan con nueces. El servicio muy atento. La atmósfera es un poco rara, este local antes de ser Avatar y The Raj fue un bar medio turbio y han coservado la decoración de antro nocturno, lo cual desentona un poco con la experiencia de desifrutar la deliciosa comida hindú. Un plus es que la plaza tiene bastante estacionamiento atrás.